Lisboa.- Cuando Portugal presumía de estar a la cabeza de Europa en la lucha contra la pandemia, un nuevo revés obliga a cercar desde hoy Lisboa y su área metropolitana, donde se registra el grueso de los contagios, para proteger al resto del país.

La medida, en vigor entre viernes y lunes, ha sorprendido a los portugueses, que veían ya la luz al final de un túnel que les llevó a dos severos confinamientos -el ultimo en el primer trimestre de este año- y que ha dejado más de 17.000 muertos en un país de 10 millones de habitantes.

Aunque Lisboa y el Valle del Tajo -la zona más poblada del país- siempre han estado, junto al Norte, a la cabeza en cuanto a contagios, las cifras se han disparado en las últimas semanas, con una incidencia que se acerca en la capital a los 300 casos por cada 100.000 habitantes.

Los vecinos de Lisboa pueden moverse entre los 18 distritos de la capital y su área metropolitana, pero no cruzar sus límites. Tampoco desde otras ciudades se puede entrar, aunque hay un amplio abanico de excepciones, desde los desplazamientos por trabajo, por enfermedad o por causa de fuerza mayor hasta los viajes internacionales de turismo ya programados.

La medida, que afectará a 2,9 millones de personas, alrededor del 30 % de la población del país, se aplicará durante los fines de semana hasta que bajen las cifras.

CUESTIÓN DE SENTIDO COMÚN
“Si no adoptamos medidas, la pandemia seguirá creciendo”, alertó hoy el primer ministro portugués, António Costa, quien reiteró que “es una cuestión de sentido común”.

“Cuando miro a la realidad de los números y percibo que el problema está centrado en el área metropolitana de Lisboa y el resto del país está esencialmente tranquilo, tengo que evitar la expansión hacia el resto del país”, explicó.

El cierre perimetral de Lisboa, recordó, es una medida entre otras tomadas por el Gobierno ante el avance del virus, como reducir el intervalo para tomar la segunda dosis de AstraZeneca, multiplicar los puntos de vacunación en Lisboa y establecer test masivos para celebraciones sociales, como las bodas.

Pero, la responsabilidad individual juega un papel decisivo: “El comportamiento de unos pocos puede destruir el trabajo de muchos”, advirtió el primer ministro.

Las cifras siguen subiendo. Portugal notificó hoy 1.298 nuevos contagios, en línea con los dos últimos días, en los que se están registrando niveles que no se veían desde febrero. Dos tercios se detectaron en la región de Lisboa.

Además, el Gobierno anunció que se han detectado cerca de mil infecciones y cinco muertos entre los 6,6 millones de portugueses que han sido ya vacunados.

“Son números ínfimos” que, no obstante, las autoridades sanitarias monitorizarán, según el secretario de Estado de Sanidad, António Lacerda Sales.

POLÉMICA POLÍTICA Y RESIGNACIÓN EN LA CALLE
La decisión gubernamental ha desatado una tormenta política y un debate sobre su constitucionalidad.

El Gobierno salió hoy a defender la legalidad de las nuevas medidas en respuesta al cuestionamiento de la Orden de Abogados, que considera las restricciones a la movilidad “claramente inconstitucionales”.

La arena política se ha removido. La oposición quiere saber si en el agravamiento de la situación en Lisboa han influido las celebraciones “futbolísticas” en las calles, como la que protagonizaron los seguidores del Sporting cuando ganó la liga local o los hinchas británicos que siguieron en Portugal la final de la Champions celebrada en Oporto.

Desde la derecha se acusa al Gobierno de una “comunicación desastrosa” sobre la gestión de la pandemia y de falta de reglas del juego claras.

Chega, el partido de extrema derecha, anuncia que recurrirá a los tribunales para “revertir la decisión de cerrar” Lisboa por considerar que “tiene contornos gravísimos de inconstitucionalidad”, en palabras de su líder, André Ventura.

Aunque la decisión ha caído como un jarro de agua fría sobre los lisboetas, muchos reconocen que las cifras son preocupantes.

“Es necesario teniendo los números que hay en Lisboa”, señalaba hoy a Efe Manuel Machado, que disfrutaba del día en una terraza.

Ines Martins, que trabaja en un restaurante, coincide en que son medidas “necesarias”, aunque afectarán al turismo y a su negocio.

Detrás de las cifras están las “personas que no saben cumplir con las restricciones”, se queja Maria Fernanda, que se apresura a colocarse la mascarilla tras acabar su café en una terraza.

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