Lisboa.- Tras más de año y medio de pandemia y dos confinamientos, el turismo portugués empieza a ver la luz al final del túnel, gracias sobre todo a la demanda interna y pese a que algunos de sus principales mercados extranjeros, como el británico, todavía están lejos de volver a niveles normales.

El turismo ha sido el gran damnificado por el coronavirus en un país donde, en 2019, el sector representaba el 15,3 % del PIB nacional, porcentaje que cayó a casi la mitad en 2020.

Este año no comenzó con buenas noticias, con un confinamiento total de dos meses y una desescalada gradual que no permitió que los turistas empezasen a llegar, con cuentagotas, hasta ya entrado el mes de mayo.

Pero desde entonces el sector ha ido recuperando vigor. Las últimas cifras disponibles dan muestra de que la recuperación va por el buen camino y en julio se registraron 4,5 millones de pernoctaciones, un 72 % más que el mismo mes de 2020, según el Instituto Nacional de Estadística.

Todavía no se han alcanzado los números prepandemia, pero es un soplo de aire para un sector que el año pasado vio sus ingresos caer un 67 % y que perdió 17 millones de turistas.

ALGARVE, PRINCIPAL DESTINO
El soleado Algarve, en el sur, que depende fuertemente del turismo, concentró el 35 % de las pernoctaciones en julio.

En agosto, aunque todavía no hay datos del INE, la tasa de ocupación de los hoteles alcanzó el 76 %, según refirió a EFE el presidente del ente Turismo do Algarve, João Fernandes.

“Agosto fue mejor incluso de lo esperado, mucho gracias a la demanda de portugueses y también alguna demanda externa, sobre todo de España y los mercados francófonos, Francia, Bélgica, Luxemburgo y Suiza”, explicó.

El principal mercado extranjero antes de la pandemia, el Reino Unido, quedó lejos de las expectativas que tenía la región, sobre todo después de los vaivenes de las reglas aplicadas a los viajeros que regresaban a suelo británico desde Portugal.

Aunque en mayo se convirtió en el único destino mediterráneo de la lista verde británica, en junio quedó fuera y las reservas cayeron en picado.

Aun así, el Reino Unido, al igual que Alemania e Irlanda, “están dando buenas señales en septiembre, sobre todo por el inicio de la época alta del golf”, señala Fernandes, que es optimista y cree que en la próxima Pascua, en abril de 2022, la demanda se acercará ya a la normalidad prepandémica.

IMPULSO PORTUGUÉS
Los portugueses han sido los principales viajeros no solo en el Algarve sino en todo el país y la apuesta por el turismo nacional ha hecho que incluso presenten cifras superiores a la prepandemia: las pernoctaciones de los lusos crecieron en julio un 6,4 % respecto al mismo mes de 2019.

“Hubo una buena respuesta por parte del mercado nacional”, confirma a EFE el director ejecutivo del ente Turismo do Alentejo, António Lacerda, que asegura que el verano fue incluso “bastante mejor de lo esperado”.

La recuperación en esta región se ha producido sobre todo en los beneficios derivados del sector, que entre enero y julio ya suponían dos tercios del valor que había dos años antes. Esperan que los próximos meses sigan creciendo y que al cierre del año representen el 75 % de las ganancias de 2019.

En el Alentejo, el turismo español ha sido protagonista gracias a su “proximidad”, mientras que otros mercados antes importantes como Brasil o Estados Unidos quedaron paralizados.

EL CERTIFICADO DIGITAL, UNA AYUDA
Portugal obliga desde mediados de julio a presentar el certificado digital o un test negativo para acceder a cualquier hotel o alojamiento turístico del país, medida que también se aplica a la restauración los fines de semana.

Pese a la confusión inicial, ha sido bien acogida por el sector.

“El certificado fue cambiando un poco la percepción de riesgo de los europeos para viajar entre países”, señala el presidente de Turismo do Algarve, que considera que “simplificó” las reglas para moverse por el espacio europeo.

Idea en la que coincide Lacerda desde el Alentejo, que cree que “inspiró mucha confianza”, al igual que el sello “Clean&Safe” que se implementó el año anterior.

Este sello, en el que Portugal fue pionero entre la mayoría de países del mundo, distingue a los establecimientos y servicios que cumplen con los protocolos de higiene y seguridad frente al coronavirus.

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