Desde el martes 17 de marzo no iba visitar mi madre en Bonao, debido al enclaustramiento a que nos ha obligado el Covid19. Este viernes fui a visitarla, pues ha tenido algunos percances de salud, y ella cada vez ha estado más ansiosa por el distanciamiento y la carga de noticias desalentadoras relativas al coronavirus.

Antes de partir, decidí ir al supermercado a comprar algunos alimentos. La calle y el super me provocaron la sensación de estar en días normales, solo marcados como diferentes por el uso casi generalizado de mascarillas, y una parte menor con guantes.

Salir de la ciudad fue lo peor, pues a las 12:45 pm ya había taponamiento desde la Núñez de Cáceres hasta pasado el elevado de la entrada a Los Alcarrizos. También había tapones en el cruce del km. 22 y Pedro Brand.

En todo el trayecto a Bonao observamos la gente viviendo sus cotidianidades. Vendedores de jaibas que levantaban sus sartas intentando provocar el “antojo” de algún conductor; los puestos de batatas estaban humeando, y los de cajuil y víveres, deshidratándose bajo una exigua sombrita, “con la boca abierta, como lagartos”. Los camiones, cargados de mercancías, se apuraban entre los numerosos vehículos públicos y privados.

Vimos chicharrón, canquiña, dulce de ajonjolí, guayabas con hojas, perritos, arepas, pellizas de colores, coco de agua, flores, motoconcho, vagos; ancianos caminando rumbo a ninguna parte, obreros esperando para ir a la faena en Falconbridge; pulperías y ventorrillos, pasoleros, y hasta “viejevos”, vaso “foam” en mano, haciendo la tarde en el colmadón.

También te podría interesar:   Dueños y directivos de la NBA esperan reanudar las actividades

Lo de ver a mamá en las actuales circunstancias, después de más de dos meses sin abrazarnos, no es fácil. Ya le había advertido que no íbamos a estar más cerca que el metro y medio que se aconseja para evitar la posibilidad de contagios, especialmente a ella, que ya rebasó los 77 años. Respondió con un “ay no, a mí no me gusta eso”.

Al llegar a la casa, pusimos los paquetes en la galería y luego saludamos, para que abrieran. Mamá respondió, emocionada, “entren, vengan”. Decirle que no entraría, quedarme parado en la galería e insistir que no saliera, fue algo triste, inimaginable, pues nunca se me había ocurrido situación igual. Para ella, inaceptable, doloroso. Me reiteró su “a mí no me gusta eso, así no me gusta”. Para ilustrarle la gravedad, le respondí “a mí tampoco, mamá, ni a los muertos del coronavirus y sus familiares, que los perdieron”.

Le hablamos, a más de un metro, yo, a más de dos metros Rosario y a más de tres, Amaya, que le voceó “bendición mamá, la quiero mucho” y se regresó al vehículo. Unos minutos después, nos marchamos.

El movimiento de ciudadanos en las calles de Bonao era casi normal, con el dinamismo propio de un viernes por la tarde.

De regreso, el taponamiento afectaba ya el km. 22, en dirección sur-norte. La cantidad de vehículos familiares emulaba al éxodo de Semana Santa, bueno, un chin menos, pero demasiados para “un viernes cualquiera”. Es que la gente, una vez oficializada la “covidianidad” hizo las dos primeras cosas más ansiadas durante el semiconfinamiento: salir al medio a sus diligencias, y acudir a visitar la familia en sus pueblos. Nos dio “tiriquitos” ver aquello, porque recordamos que en España, mucha gente se fue a los pueblos cuando se anunció el confinamiento, y eso propagó los contagios, y ya sabemos las consecuencias.

Ya aquí, en Santo Domingo, estacionados frente a una lujosa torre de clase media alta, vimos esta escena: se estaciona un vehículo del cual salen tres jovencitos de algunos 16 o 17 años. Se ponen sus mascarillas. Llega otro vehículo, y salen cuatro muchachos más, “buenomocitos, blanquitos, hijos e papi y mami”, y esperan. Baja otro jovencito, y se abrazan, uno a uno. Eso sí, ¡todos con sus mascarillas! Le entregan un “six pack” de cervezas y algún otro presente. Y Rosario y yo solo atinamos a mirarnos.

También te podría interesar:   Prudencia y madurez

Al final, sumando todo lo que hoy vimos, en este tercer día de “desescalada”, la suma es imprecisa, desalentadora. Pero a seguidas reflexioné lo siguiente, desde mi tonto pragmatismo caribeño: si en países europeos, o en Estados Unidos, con robustos sistemas de salud, tan lejos del nuestro en cobertura y logística, hubo el desastre sanitario que les ha costado millones de contagiados cientos de miles de muertes, mientras nosotros, con tantas falencias de salubridad y una falta inexplicable de sentido común y respeto a los protocolos, apenas hemos tenido menos de 500 muertes y unos 7 mil y pico de contagios oficiales, entonces algo debe protegernos, no sé si sea que tenemos poderosos antígenos debido a la costumbre de sobrevivir sin los cuidados sanitarios suficientes, o si realmente es la virgencita de la Altagracia, esa misma que nos salva de huracanes, terremotos y hasta de mal de ojos (aunque no ha podido salvarnos de políticos traidores, ladrones y farfulleros).

Es cierto que, de alguna manera, debemos empezar a convivir con el Covid19 (covidianidad), aprender a cuidarnos mientras volvemos a producir, a estudiar y echar pa’lante, porque nuestro mundo actual no resiste mucho tiempo más sin tener en marcha el motor del desarrollo y la sostenibilidad económica de nuestros sistemas.

También te podría interesar:   Alonso regresa a la F1 con el equipo con el que deslumbró al mundo

En nuestro caso, ojalá quiera cualquiera de los santos que parece nos protegen, ayudar a que nos  demos cuenta que el coronavirus puede ser letal, y de hecho mata. Ojalá que aprendamos a guardar distancia entre una persona y otra, a llevar las mascarillas puestas, no en el cuello, la barbilla o sobre el pelo, a lavarnos las manos cada vez que sea necesario, y sobre todo, a no aglomerarnos, no “estrujarnos” con los otros, a respetar el espacio mínimo ajeno.

Como sea, en las siguientes dos semanas sabremos si somos “unos duros” que resistimos hasta el más mortífero virus de los últimos tiempos, o si por el contrario, deberemos meter cambio de reversa, y cantar el corito de “lo cocotuse” que dice así: ¡de reversa mami, de reversa…! Entonces, ¡ahí si vamos a ver si el gas pela!

Deja un comentario - Esos se quedarán pendiente de aprobación por Super 7