Recientemente el país se enfrentó a la necesidad de volver a declarar el estado de emergencia para reducir la propagación del virus, la saturación de camas y así evitar un colapso hospitalario.

Bajo cualquier circunstancia, como seres humanos solemos evitar los peligros y las amenazas por instintos de supervivencia, no es el caso de algunos dominicanos que hacen todo lo contrario, incluso en situaciones de alto riesgo para ellos y sus familiares, atentando contra su salud y su libertad.

Son muchas las razones que se atribuyen a la propagación rápida y drástica del COVID-19, en comparación con el resto de las islas del Caribe, algunas de las que podemos citar son: la disciplina, el factor económico, la contienda electoral, la educación y las atenciones médicas.

A continuación, detallaremos algunas de ellas:

  1. El pasado 5 de julio todo el territorio dominicano atravesó por un proceso de elecciones, posterior a una campaña política de cinco meses en las que el distanciamiento social era impracticable.
  2. Las medidas escritas en un papel suelen ser idealistas, sin embargo, la realidad que atraviesan muchos dominicanos hacen que estas disposiciones se vuelven irrealizables. Aparte de las precariedades de subsistencia por las que tienen que lidiar miles de dominicanos en su día a día, se suman otras como el costo de tener mascarillas siempre disponibles, suministros de higienización, confinamiento en el transporte público y hasta el mismo hogar, se convierte en un lugar de propagación del virus por las condiciones en las que habitan cientos de ciudadanos.
  3. El hecho de que sólo en Santo Domingo existan más de 300 discotecas y estén cerradas, ha provocado una necesidad que tiene que ser satisfecha. Una sociedad a la que le gusta pasarla bien, divertirse y bailar, pero sin medir las consecuencias, costo económico y salud que representa.
  4. Todavía el país no cuenta con recursos suficientes, insumos médicos y pruebas de diagnóstico de COVID-19. A esto se le suma, en muchos casos, que se debe esperar más de una semana para que un ciudadano se realice una prueba, añadiendo otra semana más para los resultados, con la posibilidad de que este ciudadano pueda contagiar a otros en su entorno.
  5. Según encuestas realizadas, el 65% de los conductores dominicanos ha admitido violar alguna ley de tránsito de manera regular. De acuerdo con los datos de la Dirección General de Tránsito Terrestre (Digesett), sólo en el 2018 se impusieron 812,930 multas de tránsito, arrojando un promedio de 2,227 multas diarias y alrededor de 1,900 detenidos por día, desde que se implementó el toque de queda. Esto nos dice que en el país existe un grave problema de comportamiento e incumplimientos de las leyes, incluso en situaciones de alto riesgo. Sin embargo, la mayoría de los detenidos priorizan la diversión, la bebedera y la gozadera por encima de su propia seguridad.

Los seres humanos seguimos las reglas para evitar el castigo y la condena, amamos la libertad, pero estamos dispuestos a restringir esa libertad si es por una buena razón, si consideramos el incumplimiento como una amenaza menor que las consecuencias.

Siempre existirá un grupo de desaprensivos que aunque tengan todas las condiciones para hacer el bien, se convierten en instrumentos del mal, donde para ellos, violar las leyes es un chiste y las consecuencias deben ser un chance.

Cuando las personas se adhieren a las reglas, cualquier sistema funcionará sin problemas, cada individuo cooperará entre sí y el bienestar de cada uno estará asegurado.

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