La práctica de la mentira es uno de los deportes favoritos en el ambiente político dominicano. Se ha vuelto una costumbre escuchar mentir a los políticos, pero en tiempos de campaña esto supera cualquier parámetro conocido. Exagerar, exceder, propasarse, extremarse, prometer cosas difíciles de cumplir sin freno y sin consecuencias solo por el gran deseo de ganar trascendencia, dinero y poder, no tiene límites.

El deseo de crear un futuro mejor a través de la política y los políticos, no es nada nuevo. Las promesas de progreso abundan pero no pasa nada real.

Es cierto que a veces para algunos servidores públicos, llevar a cabo ciertos proyectos se torna complejo porque no solo depende de él, requiere la intervención o negociación con otros actores. Pero, aunque de gracia, no es gracioso prometer ideas descabelladas imposibles de cumplir.

La época de los milagros grandes milagros y su fin
A finales del siglo XIX, mucho antes de la criminalización de las drogas y antes de la regulación de la medicina y la publicidad, las sustancias a menudo se promovían como tratamientos eficaces para enfermedades tan graves como el cáncer. Incluso anuncios que le decían a la gente que consumir azúcar era una gran manera de perder peso.

Otros prometían la “cura instantánea” para el dolor de muelas, tos, los resfriados, problemas renales, hepáticos, curar el asma y bronquitis.

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Pero estas curas milagrosas a menudo estaban cargadas de sustancias como la cocaína, la morfina y el alcohol, todas las cuales resultaron dañinas para nuestra salud en altas dosis.

Dado que nadie los probó para ver si cumplían con sus afirmaciones insensatas, las compañías podían decir lo que quisieran.

No fue hasta que se introdujo la Ley de Medicamentos y Alimentos, así como la ley de regulación de la publicidad en 1906 en los Estados Unidos, que se le puso fin a todas esas promesas absurdas.

Solución ecuánime y sensata
Las promesas incumplidas de los políticos, ciertamente, no son exclusivas de la República Dominicana, se han convertido en un defecto en muchas democracias de todo el mundo. Cada nuevo candidato representa un avance de los errores del pasado y una esperanza para el futuro.

Ya hemos llegado al límite. Mi propuesta es simple: Ya es tiempo de regular la publicidad y las promesas de campañas como se regulan los medicamentos, alimentos y bebidas mediante acto notarial, el candidato deberá ser capaz de respaldar sus afirmaciones en caso de ganar.

Cuando los líderes practican valores como la integridad, la honestidad y la confianza, estos beneficios se traducen significativamente en justicia, mejora de la economía y aumento de la salud emocional para toda la sociedad.

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Sin más, deseando que este último párrafo deje de ser un poema y lo convirtamos en una realidad.

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