La educación dominicana enfrenta un momento decisivo, atrapada en los desafíos de competitividad, inclusión social y pertinencia laboral que obligan a repensar el sistema en su conjunto.
En este contexto, la figura del profesor Rafael Santos Badía, actual ministro de Educación Superior, Ciencia y Tecnología (MESCyT), adquiere relevancia por la agenda que ha planteado en torno a la transformación educativa.
Su experiencia previa al frente del Instituto Nacional de Formación Técnico Profesional (INFOTEP), que ahora encuentra continuidad y fortalecimiento en las directrices de su sucesora, Maira Morla Pineda, le permitió impulsar y/o fortalecer iniciativas de modernización institucional, de formación, y de ampliación de oportunidades para sectores vulnerables, llevando decenas de centros tecnológicos por todo el país, “a donde vive la gente”.
Esos proyectos respondieron a la necesidad de vincular la capacitación técnica con las demandas del mercado laboral, un reto que sigue vigente y que condiciona la capacidad del país para generar crecimiento económico sostenible.
Al asumir el MESCyT, Santos Badía convocó a los rectores de las 59 universidades e institutos superiores del país con el propósito de definir una ruta de transformación estructural que permita establecer un sistema integral de Educación coherente, desde que se inicia el ciclo básico hasta que se concluye con los postgrados.
Desde su óptica, respaldada por amplios sectores sociales, es fundamental una reforma pertinente en cada etapa formativa, que propicie la inserción laboral como eje central de la política educativa, con lo cual el sistema respondería de manera real a las necesidades de la población y del aparato productivo.
Un aspecto clave de su visión, como “amigable componedor”, es su convencimiento de que cualquier reforma debe construirse mediante el diálogo y la concertación con universidades, docentes, sector privado, iglesias y organizaciones sociales.
Es un enfoque que reconoce que la legitimidad de los cambios depende de la capacidad de generar consensos, más que de imponer medidas legislativas en un país en el que las reformas suelen prohijar miedos y rechazos, como ocurre en República Dominicana.
Sin embargo, para lograr esos objetivos consensuados, los retos son significativos y hasta muy visibles, como la resistencia institucional frente a cambios estructurales, la garantía de financiamiento sostenible y el equilibrio entre cobertura y calidad, como factores que condicionan la viabilidad de cualquier reforma.
Además, el sistema educativo debe responder a un contexto global marcado por la digitalización, la movilidad laboral y la creciente demanda de competencias transversales, porque para todo lo demás está el avance indetenible de las tecnologías.
En este escenario, la labor de Santos Badía representa un esfuerzo por colocar la educación en el centro de la agenda nacional, lo cual, más allá de las valoraciones personales, abre un debate tan imprescindible como necesario.
Con el debate sobre cómo lograr que la educación dominicana sea integral, pertinente y capaz de impulsar el desarrollo económico y social, se estaría dando el salto al que muchos aspiran, que es convertir a la nación en el real y verdadero punto estratégico para el crecimiento de la región del Caribe, no sólo por geolocalización, sino también por la capacitación de su gente.
El país necesita una reforma educativa que trascienda coyunturas políticas y que se construya sobre bases sólidas de diálogo, planificación y evaluación, ante lo cual, reconocer el esfuerzo de quienes impulsan esta agenda es, también, reconocer que la transformación educativa es una tarea colectiva, que exige liderazgo, pero, sobre todo, compromiso social.
Ya es tiempo, como plantea Santos Badía, de revisar los currículos y pensum académicos para hacerlos más ágiles y pertinentes, porque el acceso a la información ya no es el principal desafío, sino el desarrollo de aprendizajes significativos y competencias relevantes y demandantes para la competitividad.
Me quedo con la expresión del ministro y ojalá que toda la sociedad, cada quien, la haga suya y contribuya a materializarla, porque, en verdad, hoy, mañana y siempre “la educación dominicana debe responder de manera directa a la dinámica del empleo y al desarrollo económico nacional”. ¡Aquí está la clave!
Patricia Arache
@patriciarache