“La Sombra de la Traición: desde la desmemoriada poltrona palaciega”

Reflexiones atrevidas #129

Se ha vuelto algo casi normal en esta sociedad líquida de hoy el cainismo político, algo que refleja la profundidad sinuosa de una buena parte de los seres humanos que llegan al pináculo del poder y, desde que lo logran, actúan en contra de todo y todos los que lo llevaron ahí. Y es que a lo largo de nuestra historia los ejemplos sobran, salvo que ahora se realizan desde el Palacio Nacional con una naturalidad que espanta.

La traición se ha hecho algo tan común en la política vernácula nuestra que está afectando sensiblemente al sistema político y hasta la democracia misma, porque, aunque no lo reflejase el estudio que realiza en estos momentos el Centro de Asesoría y Promoción Electoral (CAPEL), parte integral del Instituto Interamericano de Derechos Humanos (IIDH), a solicitud de la Junta Central Electoral, sobre las causas del alto nivel de abstención y ausentismo electoral como el que se reflejó en las elecciones del año 2024 y que alcanzó un 45,63% de inasistencia de electores del total de los empadronados, históricamente la más alta desde las elecciones del año 1962 a la fecha, una de las causas principales es la desidia que acusa la dirigencia partidaria por el olvido del que han sido objeto.

Es que no solo la población no cree en la mayoría de los políticos, sino que la propia dirigencia de los partidos tampoco confían en aquellos que logran con su esfuerzo y trabajo llegar al poder, todo porque sufren de amnesia inmediata, ello así porque una buena parte de los Presidentes de la República llegan con unos y gobiernan con otros, algo que de verdad ha hecho mella en el entusiasmo de los dirigentes en especial lo del nivel medio y de base, que se entienden como tontos útiles, porque mientras ellos son los artesanos constructores del poder, los oportunistas amigos de ocasión, son los que casi siempre cobran por el esfuerzo ajeno.

Donde más se ha manifestado históricamente ese desleal comportamiento ha sido precisamente en el PRD y su continuador histórico, el hoy PRM, porque casi todos sus presidentes, a excepción, en honor a la verdad, de Hipólito Mejía, solo han usado el peñagomismo y la mayoría de sus esforzados militantes para subir las escalinatas de la mansión de Gazcue para, un poco después, darle la espalda.

Los Modernos son especialistas en abandonar a su propia gente y en incumplir sus compromisos, porque solo así se entiende que más de 10 organizaciones políticas aliadas estén todavía fuera del tren gubernamental y que dirigentes históricos, cuya lista es tan larga que de mencionarla llegaría a Puerto Rico, hayan sido ignorados pese a sus grandes méritos. Pero así actúan la mayoría de los popis, porque estos solo le sirven a sus amigos, sus socios, amantes y a los sectores oligárquicos que representan.

Está más que claro que a los modernos el poder los obnubila más que a nadie; solo así se entiende el trato dado a Roberto Fulcar, Lisandro Macarrulla y a mi buen amigo ido a destiempo Ramón Alburquerque.

Sé que no pocos justifican la inmerecida descortesía mostrada hacia Macarrulla y Fulcar, pero se olvidan de que muchos de los que los critican desde las alturas del poder no tienen el mérito, ni ocuparon el papel fundamental jugado por ellos, porque otros también han sido señalados y se les mantiene en sus cargos y todavía muy cercanos al afecto presidencial.

Si bien es cierto que los presidentes responsables no deben apañar la corrupción y las indelicadezas, actuar con suprema ligereza en contra de los que lo llevaron ahí habla de lo poco fiable que resulta ser el que, con encono cainista, trata con desdén al que solo le sirvió con probada lealtad.

La actividad política se ha convertido en un verdadero mercado persa donde todo se compra porque casi todo se vende, donde la amistad sincera es casi inexistente y donde la lealtad es escasísima. Es por ello que cientos de dirigentes se suman también a la gran legión de ciudadanos desafectos de la política, sabedores de que el esfuerzo partidario no paga y de que la mayoría de los presidentes se convierten en amnésicos desde que se sientan en la silla de alfileres.

Veo a varias bocinas palaciegas atacar y ningunear a Macarrulla y Fulcar, cuando muchos de los que hoy lo cuestionan no hicieron ni un 5% de lo que estos realizaron para llevar al presidente Abinader al poder, pero así actúan los que, cooptados por el síndrome de hubris, desprecian hasta sus cercanos, se desconectan de la realidad y se olvidan de los que estuvieron a su lado en la oposición.

Cuando les lleguen las horas bajas a los modernos y no encuentren los petulantes funcionarios palaciegos de hoy el respaldo de las bocinas pagadas con los fondos públicos, ahí se darán cuenta de lo efímero del poder, cuando no encuentren cobijo en la militancia partidaria, afecto en los amigos olvidados, respeto de la población y, mucho menos, consideración de los que fueron vilmente traicionados por estos.

Los que olvidan intencionalmente los favores en el ayer recibidos, el destino siempre les depara el verse solos frente al espejo de la vida, recibiendo el látigo amargo como designio de la providencia, aquellos que una vez encumbrados en el cenit del poder nunca entendieron “ que la gratitud es la memoria del corazón”

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