SANTO DOMINGO.-El obispo de la Diócesis de Nuestra Señora de La Altagracia, monseñor Jesús Castro Marte, advirtió que la Semana Mayor no es un evento social y que vivirla como un tiempo de alegría y gozo, constituye “una burla a Dios”.
“El gran regalo de la Semana Santa es el amor que Dios ha derramado en el mundo. No es una semana social ni de eventos, sino la centralidad de aquel que murió en la cruz para la salvación del género humano”, expresó el prelado.
“Cuando uno era pequeño todas las emisoras eran con música sacra. Nadie podía andar por las calles porque eran días sagrados. Pero observamos ahora una multitud de gente de vacaciones. Debe haber conciencia social, compromiso y espiritualidad”, manifestó el prelado.
Advirtió que el consumismo, el comercio y el entretenimiento han desplazado el significado profundo de la Semana Mayor. “La guerra entre el consumo y el sentido mercantil ha robado el valor de este gran misterio”, sostuvo.
Asimismo, consideró que el Estado debe propiciar espacios de reflexión durante estos días, en lugar de fomentar el desenfreno. “Tomar los días desde el Domingo de Ramos hasta el Domingo de Resurrección como vacaciones y vivirlos en alegría y gozo es una burla a Dios, una burla trascendente”, afirmó.
Castro Marte también alertó sobre las consecuencias de una sociedad alejada de la espiritualidad. Indicó que la falta de vida interior puede dar paso al aumento de los vicios, las drogas y otras problemáticas sociales. “Cuando nos distanciamos de Dios, nos alejamos del eje central que representa la muerte y resurrección de Cristo”, explicó.
En ese sentido, insistió en la necesidad de promover no solo el crecimiento económico, sino también el desarrollo espiritual y moral de la sociedad. “El mundo de hoy necesita sanidad interior. Cuando el ser humano cambia desde dentro, se convierte en un ciudadano más responsable y comprometido”, manifestó.
El religioso advirtió que la pérdida de la conciencia del pecado y de la responsabilidad ética conduce al desenfreno social, por lo que instó a las autoridades y a la ciudadanía a fortalecer los valores espirituales y morales como base para el bienestar colectivo.