ESTADOS UNIDOS.– El jugador de la NBA Karl-Anthony Towns concretó la venta de su lujosa residencia en Medina, Minnesota, por un monto cercano a los US$4.75 millones, cerrando así una etapa personal y profesional ligada a sus años como figura de los Minnesota Timberwolves.
La propiedad, que fue su hogar principal durante gran parte de su carrera en Minneapolis, cuenta con aproximadamente 17,000 pies cuadrados de construcción, equivalentes a más de 1,500 metros cuadrados, y se distingue por su alto nivel de lujo, privacidad y diseño exclusivo.
La mansión fue diseñada para cubrir todas las necesidades de un atleta de élite. Incluye amplios salones sociales, múltiples habitaciones, áreas privadas de descanso, piscina interior climatizada, gimnasio, cine en casa, salas recreativas y espacios exteriores acondicionados para actividades deportivas y reuniones sociales.
Durante varios años, la residencia fue escenario de encuentros familiares y eventos privados, convirtiéndose en un símbolo del arraigo de Towns a Minnesota.
La venta coincide con el reciente traspaso del pívot dominico-estadounidense a los New York Knicks, movimiento que redefine su carrera tras casi una década como el rostro de los Timberwolves, franquicia que lo seleccionó como primera escogencia global del Draft de 2015.
Con Minnesota, Towns se consolidó como uno de los hombres grandes más completos de la NBA, participó en múltiples Juegos de Estrellas y fue pieza clave en el resurgir competitivo del equipo.
Fuera de la cancha, Towns ha sido una figura influyente por su liderazgo comunitario, especialmente tras la pérdida de su madre, Jacqueline Cruz, durante la pandemia del COVID-19. Su legado ha fortalecido su vínculo con la República Dominicana, país al que ha rendido constantes homenajes.
Ahora con los Knicks, Towns afronta el desafío de convertirse en una pieza determinante para una de las franquicias más históricas y mediáticas de la NBA, que busca regresar al protagonismo y a la lucha por campeonatos.
La venta de su mansión en Minnesota simboliza el cierre de un capítulo importante en su vida y el inicio de una nueva etapa en el corazón del baloncesto estadounidense.