Entre el infierno de Gaza y el horror de Ucrania el republicano Trump volvió a la Casa Blanca en un año en que los católicos estrenaron Papa y Venezuela recibía como regalo de Navidad el bloqueo de sus costas

República Dominicana.-Durante el 2025, la agenda internacional estuvo dominada por acontecimientos de alto impacto, enmarcados en un sistema geopolítico cada vez más complejo, inestable y claramente multipolar. El retorno de viejas tensiones, la redefinición de alianzas estratégicas y la irrupción de nuevos liderazgos, configuraron un escenario de alta volatilidad global que concentró la atención de gobiernos, mercados y opinión pública a escala planetaria. Este contexto sirve de marco para los principales hechos que sobresalieron en el año que recién concluye.

Uno de los eventos más determinantes fue el retorno al Poder del Magnate neoyorquino Donald Trump, quien reasumió la Presidencia de Estados Unidos el 20 de enero, para un segundo mandato intercalado. Su vuelta a la Casa Blanca significó la reactivación inmediata de una agenda abiertamente proteccionista y nacionalista, alineada con el lema América Primero. Entre sus primeras medidas destacaron el endurecimiento de las políticas arancelarias y la ejecución de expulsiones masivas de inmigrantes, lo que generó fuertes repercusiones internas y tensiones diplomáticas con diversos países.

En el plano de los conflictos armados, uno de los hitos más relevantes fue el alto al fuego en la Franja de gaza, que puso fin, al menos de forma temporal, a más de dos años de guerra entre Israel y Palestina, con un saldo superior a los 60 mil muertos. Este acuerdo fue presentado como un logro diplomático impulsado por la administración Trump, que inició una ofensiva política para posicionarse como mediador en distintos conflictos internacionales, en una clara apuesta por proyectar liderazgo global y aspirar al Premio Nobel de la Paz, un reconocimiento que el Comité Noruego decidió entregar a la opositora venezolana María Corina Machado, tomando en cuenta su lucha por la democracia y los derechos humanos en Venezuela.

La relación entre Venezuela y Estados Unidos vivió en el 2025 una escalada de tensión que ha convertido al Caribe en un escenario estratégico de confrontación indirecta entre ambos gobiernos. El epicentro del conflicto ha sido la creciente presencia militar estadounidense en la región, oficialmente enmarcada en una lucha contra el narcotráfico, pero percibida por Caracas como una amenaza a su soberanía. Ya para finales del 2025 y en medio de la operación Lanza del Sur se habían destruido más de 35 lanchas y eliminados más de cien personas. Las operaciones generaron críticas internacionales, incluyendo acusaciones de ejecuciones extrajudiciales, rechazadas por el Departamento de los Estados Unidos.

Comenzando el 2026, este fin de semana Estados Unidos cumplió sus amenazas invadiendo a Venezuela y llevándose a territorio estadounidense a Nicolas Maduro y su esposa Cilia Flores. Es un acontecimiento que como noticia aún está en marcha.

Como nota al margen, hay que señalar que a pesar de que Nicolás Maduro, de tendencia izquierdista, se reeligió en Venezuela; Honduras y Chile giraron hacia la derecha con la elección del conservador Nasry 'Tito' Asfura, y el ultraderechista José Antonio Kast, respectivamente.

Otro acontecimiento de gran simbolismo fue la elección y juramentación como nuevo papa del Cardenal estadounidense Robert Francis Prevost, papa León XIV, quien sucedió al papa Francisco, fallecido el 21 de abril del 2025, tras un pontificado de 12 años, un mes y 8 días. El relevo marcó una nueva etapa para la iglesia católica, en un contexto mundial atravesado por crisis políticas, sociales y morales. Es el segundo Papa de América que llega al Vaticano en forma consecutiva y el primero de Estados Unidos.

Analistas internacionales coinciden en calificar el 2025 como uno de los años más intensos en la búsqueda de soluciones a múltiples conflictos geopolíticos que se arrastran desde años anteriores, como son la invasión rusa a Ucrania y la guerra de Israel en Palestina, ambos activos y con profundas repercusiones económicas, humanitarias y estratégicas a nivel global.

A ellos se suman conflictos de alta intensidad en Siria, Sudán, Yemen, Etiopía y la República Democrática del Congo, así como tensiones latentes en regiones como la frontera entre Líbano e Israel, Pakistán y la India en la zona de Cachemira. Diversos informes señalan que el número de conflictos activos en el 2025 alcanzó niveles no registrados desde la Segunda Guerra Mundial.

En el ámbito económico, la guerra comercial global volvió a intensificarse. Bajo el argumento de que el comercio internacional perjudicaba a Estados Unidos, la administración de Donald Trump impuso sucesivas oleadas de aranceles diferenciados por país y sector, afectando especialmente a industrias consideradas estratégicas como el acero, el aluminio y el cobre. Las represalias y negociaciones derivaron en complejos acuerdos, entre ellos los alcanzados con la Unión Europea y China, en octubre, que abrieron una tregua parcial en un conflicto que sacudió la economía del planeta.

El año 2025 también estuvo marcado por una ola global de protestas protagonizadas por la generación Z. Jóvenes de menos de 30 años lideraron movilizaciones en América Latina, África y Asia, contra la precariedad, la corrupción y las restricciones a las libertades digitales. En algunos países, estas protestas derivaron en crisis políticas mayores, con dimisiones, represión violenta e incluso, derrocamientos, como ocurrió en Madagascar.

Paralelamente, se registraron inversiones sin precedentes en inteligencia artificial, con un gasto global estimado en 1,5 billones de dólares. Aunque el crecimiento acelerado del sector consolidó a gigantes tecnológicos como Nvidia, cuyas valoraciones alcanzaron cifras históricas, también surgieron temores sobre una posible burbuja especulativa.

Como cada año, en el 2025 el mundo volvió a vivir tragedias de ingrata recordación, entre las que se destacan los terremotos de Birmania el 28 de marzo con más de 2 mil 900 muertos y cerca de 5 mil heridos; y el del 4 de septiembre en Afganistán, donde las autoridades contabilizaron dos mil 217 muertos. El 12 de junio un avión de la aerolínea Air India se estrelló en un campus universitario de Gujarat, en el oeste del país, dejando un balance fatal de 268 muertos. 

En un acontecimiento sin precedentes, el 28 de abril un apagón afectó a España, Portugal, Francia y otros países de Europa Occidental, provocando un caos en esa parte del viejo continente.

Finalmente, los fenómenos climáticos extremos reforzaron la percepción de una crisis ambiental irreversible. Entre los más mortíferos se citan los deslizamientos de tierra que provocaron las intensas lluvias de agosto en el oeste de Sudán, con un saldo superior a los mil muertos, y los torrenciales aguaceros de julio en Texas, donde las inundaciones desbordaron la capacidad del sistema de desague, provocando cerca de 140 muertes y un saldo superior a los cien desaparecidos.

Ya en enero, Estados Unidos había recibido al mismo tiempo descargas de nieve en el sur y fuegos forestales en el oeste, con más de 130 mil desplazados en los Ángeles, al menos 24 muertos y pérdidas millonarias en bienes materiales.

El 28 de octubre el ciclón Melissa golpeó a Jamaica a más de 300 kilómetros por hora; el huracán más potente en tocar tierra durante los últimos 90 años. Las pérdidas fueron cuantiosas para Jamaica y otros países de la región, afectados por el fenómeno.

Así las cosas, los huracanes devastadores en el Caribe, tifones sucesivos en el sudeste asiático, incendios forestales récord en Europa y Estados Unidos y, graves inundaciones, confirmaron que el cambio climático se ha convertido en un factor estructural de inestabilidad global, con impactos directos en la seguridad, la economía y la gobernabilidad.

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