Montevideo.- En tiempos de redes sociales, de defensa tenaz de posturas sin debate y de una política que apuesta al corto plazo, el experto uruguayo en comunicación política Julián Kanarek propone repensar las utopías y mirar al futuro con su libro “Trascender el reactivo”.

Mediante reflexiones sobre los relatos políticos, la incidencia de la pandemia de la covid-19 y el rol de los Estados, “Trascender el Reactivo” (Debate, 2021) busca indagar sobre “qué sucede con todos los integrantes del espectro político” en épocas de democracia algorítmica.

Así lo cuenta a Efe el autor y director de la consultora especializada en comunicación política Ciudadana, quien sostiene que, inicialmente, buscaba analizar las “fake news y la posverdad”, pero decidió ir a un texto más profundo en el que se habla, entre otras cosas, de la manera en la que los políticos se aproximan a la ciudadanía.

Kanarek se ha dedicado al periodismo, la comunicación institucional y tiene vasta trayectoria en la asesoría electoral, con una destacada campaña que en 2018 llevó a la presidencia de Costa Rica a Carlos Alvarado.

Además de darle tiempo para reflexionar, la pandemia forma parte del cuerpo del libro, pues analiza el rol de este fenómeno global en la política.

“La pandemia implica un disparador o un punto de inflexión que genera nuevas preguntas. Estos mundos contrapuestos en los que algunos dicen ‘de esta crisis vamos a salir mejores’ y otros que demuestran que, de esta crisis, salgamos quizás más proteccionistas, menos unidos, menos cooperativos entre países”, detalla.

LA VENTANA DE OVERTON
Uno de los puntos que destaca Kanarek sobre su libro es “La ventana de Overton”, herramienta con la que cuenta la teoría política —según describe en el libro— para “determinar aquellas proposiciones programáticas que los candidatos o gobernantes están dispuestos a hacer en un tiempo determinado”.

Esta ventana muestra cuánto acepta la ciudadanía determinadas prácticas. Kanarek sostiene que antes de la pandemia había “un claro corrimiento” hacia la derecha y que eran empujados “fuertemente” por la ultraderecha.

“Durante la pandemia hay una revalorización del papel del Estado y hay gobernantes de todo el espectro ideológico que echan mano a una cantidad de medidas que tienen que ver mucho más con la socialdemocracia o con la centroizquierda. Eso hace que nos empecemos a preguntar si esa ventana de Overton se está corriendo un poco hacia el centro”, opina.

Sin embargo, fenómenos como la irrupción de Javier Milei en Argentina llevan a pensar en que continúa el tránsito “hacia las proposiciones de la ultraderecha”.

“La ultraderecha sabe manejar los discursos de crispación y lo que hacen es atraer la atención. Esa atención es mediática y también en las redes sociales, por el diseño algorítmico, que hace que todo aquello que esté en el borde de lo que era políticamente aceptable en una conversación pública hace 15 años hoy sea mucho más consumido”, afirma.

La política entendió la importancia del “rol emocional de la enunciación”, ya que los algoritmos muestran aquellas publicaciones que “generan emociones” y, por ello, la ultraderecha empezó a “tensar la cuerda” en los discursos de miedo.

PROBLEMA DE UTOPÍAS
La actualidad política está atravesada por el uso de redes sociales y una tendencia de la ultraderecha “que concentra la atención en los provocadores de turno” y se centran en un espacio de identificación que “condiciona a la izquierda”.

“La izquierda está acostumbrada a presentarse como contra hegemónica y hoy ese rol se lo ha robado, discursiva y políticamente, la ultraderecha y a la centroderecha le genera un problema, que es dudar entre hacer más extremos sus discursos o mantenerse en el centro para demostrar que no son tan extremistas”, opina.

Poner “a la política responsable” en el centro de la discusión en un mundo reinado por los 280 caracteres que ofrece Twitter es uno de los tantos desafíos que pone sobre la mesa el libro.

Pese a que estos fenómenos se repiten, Kanarek dice que Uruguay “es distinto” debido a que cuenta con un sistema democrático “más sólido”, en el que los impulsos provocadores atraen atención pero no se reflejan en las urnas.

Ahora, cree que es tiempo de “repensar el rol de las utopías” y rescatarlas como “fin ulterior de la política en su conjunto”, pues ahora se está demasiado concentrado “en administrar los problemas del presente”.

“Si todos nos pensamos en una clave temporal de una cronología de 15 años para adelante vamos a poder bajar la pelota al piso para enojarnos mucho menos por la respuesta coyuntural y pensar mucho más los elementos estructurales. Es lo que quiere aportar el texto, que pensemos las utopías del futuro”, concluye.

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