Beirut.- La sociedad civil y la diáspora libanesas trabajan contrarreloj para que más expatriados se registren para votar en las elecciones de marzo de 2022, ya que su participación es “más importante que nunca” para un cambio político y es especialmente baja en Latinoamérica, donde se concentran la mayor parte de ellos.

“El Líbano se ha convertido en un estado fallido, no hay confianza en los políticos corruptos, codiciosos y negligentes; la economía ha sido destruida y los ciudadanos están abandonando el país en masa (…) Es por eso que el voto de la diáspora es más importante que nunca”, dijo a Efe desde México Caroline Chalouhi Brennan.

El país mediterráneo está sumido en una de las peores crisis económica ocurridas a nivel mundial en la historia reciente, acrecentada durante el periodo de inacción política entre agosto de 2020 y septiembre de este año, cuando los diferentes partidos fueron incapaces de formar gobierno.

“El Líbano nos ha necesitado siempre, pero (esta vez) es quizás la más importante, porque si no recuperamos al Líbano después de esa crisis que ha habido no lo vamos a recuperar nunca más”, coincidió desde Argentina Sergio Jalil, director del Centro de Estudios Libaneses para América Latina (Celibal).

POCOS REGISTROS
Desde Celibal incentivan el registro de votantes a través de mensajes, llamadas y videoconferencias para concienciar sobre la importancia de participar y guiarles en el proceso, pues de los 180.345 expatriados apuntados hasta ahora sólo 4.242 residen en Latinoamérica, según datos del Ministerio de Exteriores.

Jalil estima que la región no alcanzará los 5.000 registros para cuando termine el proceso el próximo sábado, pese a que esperan que la cifra global supere los 200.000.

“En América Latina y América del Norte, que es la diáspora más grande, es una diáspora muy antigua, que ya tiene más de cien años, entonces muchos (…) no tienen la nacionalidad libanesa sino que son descendientes, tal vez nietos, bisnietos o tataranietos de libaneses”, explicó a Efe.

Para Mohamed Abo Jokh, residente en Brasil y quien también participa en los esfuerzos, las bajas cifras se deben también a que “la oposición no se preparó bien” y las campañas para fomentar los registros comenzaron “demasiado tarde”.

Además, en los últimos comicios en 2018 la comunidad en América Latina había sido contactada por las “élites poderosas” ahora motivo de “desaliento”, agrega Zeina Mokaddem, enlace con la Diáspora en Nahwalwatan, una plataforma por el cambio político en el Líbano.

Reconoció a Efe que el proceso arrancó “bastante lento” el pasado 1 de octubre, pero más votantes se sumaron con el reparto de folletos o los “Maratones de registro”, jornadas de 24 o 48 horas seguidas para el apoyo en línea.

La mujer quiso lanzar un SOS a pocos días de que concluya el plazo: “Por favor, Latinoamérica, no perdáis la fe en el Líbano, no perdáis la fe en nosotros”.

ESPERANZA PARA EL CAMBIO
Jorge Nassar, presidente de la Unión Libanesa Cultural Mundial en Colombia, que promociona el registro en redes sociales o con mesas in situ en Bogotá, resaltó a Efe la importancia del voto de la diáspora porque ésta “no le come cuento” a los partidos tradicionales.

Consciente de que la emigración se produce “porque hay anhelo al cambio”, cree en el papel de la juventud que está abandonando el Líbano en masa debido a la crisis y que trae “nuevas ideas” para lograr “el cambio que añoraron nuestros abuelos, bisabuelos, padres y ahora nosotros”.

También se muestra optimista la miembro de la Red de la Diáspora Libanesa Nancy Stephan, expatriada en Rumanía, al apuntar que el número de registros ya casi duplica el de 2018 y que la comunidad recuperó su “esperanza en el cambio” tras las protestas masivas de 2019 contra la clase dirigente.

El voto expatriado es “muy poderoso”, afirmó a Efe, no sólo porque “no puede ser comprado por los líderes corruptos” sino también porque en sus países de acogida han experimentado de primera mano “el verdadero significado de la democracia, el Estado de derecho y la rendición de cuentas”.

Una serie de ex altos cargos sospechosos de negligencia por la explosión que el pasado año causó más de 200 muertos y 6.500 heridos en Beirut han sido acusados de obstruir la investigación de la tragedia, negándose a acudir a los interrogatorios y presentando más de una decena de demandas contra el investigador judicial.

“La generación más nueva de expatriados tiene mucha furia y quiere sancionar a los que sacudieron su mundo. No pueden ser silenciados y ¡sus votos supondrán un cambio!”, concluyó Stephan.

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