Londres.- El biólogo argentino Kini Roesler fue reconocido entre los ganadores del prestigioso premio Whitley de conservación natural por su labor para proteger de la extinción a un ave acuática de la Patagonia.

El macá tobiano, una especie de la que tan solo quedan 750 ejemplares, se enfrenta a una tormenta perfecta causada por la crisis climática, las especies invasoras y la construcción de infraestructuras, unos peligros que ponen en jaque a su ecosistema.



Ante estas amenazas, el equipo liderado por Roesler trabaja contra reloj para cambiar la suerte de un ave que fue descubierta hace relativamente poco, en 1974, pero que cuenta con un linaje de más de dos millones de años.

“Para salvar al macá tobiano hacen falta muchos recursos, financiación concreta y también compromiso político”, señala en una entrevista con Efe el biólogo, convencido de que el premio Whitley, valorado en 40.000 libras (unos 46.670 euros, más de 56.000 dólares al cambio actual), aportará “visibilidad” al proyecto, en el que colabora una veintena de trabajadores.

Además de la labor sobre el terreno, todo un “desafío” al tratarse de la Patagonia, el día a día del equipo abarca desde “el trabajo con una tabla de datos a una reunión con funcionarios públicos”, así como actividades de divulgación y educación medioambiental.

Las primeras andaduras con la iniciativa fueron “difíciles”, recuerda Roesler, quien años atrás empezó a empujar casi en solitario una “bola de nieve” que con el tiempo se ha convertido en el proyecto que hoy le merece un “Óscar verde”, apodo del premio Whitley.

El macá tobiano, emblema de la Patagonia conocido por sus vistosos “bailes” de cortejo, se cruzó hace más de una década en la vida de Roesler, director científico de la ONG Aves Argentinas, quien no dudó en dejar de lado los proyectos que entonces llevaba para consagrar sus esfuerzos a la protección del ave.

Ahora, el objetivo que persigue junto con su equipo es convertir a esta especie en “bandera”, por su carisma y belleza, y en “paraguas” de la región porque, al atajar los peligros que la amenazan, se contribuye también a conservar otras especies en riesgo.

Además de Roesler, esta edición de los premios Whitley, entregados en una ceremonia virtual con la princesa Ana de Inglaterra y el divulgador naturalista David Attenborough, contó con otros cinco ganadores, todos del llamado “sur global”, reconocidos como “héroes” de la conservación natural.

Se trata de Pedro Fruet, de Brasil; Lucy Kemp, de Sudáfrica; Sammy Safari, de Kenia; Nuklu Phom, de la India, e Iroro Tanshi, de Nigeria, así como la keniata Paula Kahumbu, que recibió el Whitley de Oro por su lucha contra el tráfico de marfil y la destrucción de los hábitats.

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