Cap-Haitien (Haití).- Cap-Haitien, una tradicional ciudad turística en el norte de Haití, languidece por la profunda crisis que afecta al país y por el abandono de las autoridades, que ha dejado la urbe a merced de cualquier catástrofe.

La secular falta de inversiones ha llevado a la segunda ciudad más poblada de Haití a convertirse en una de las urbes peor preparadas para cualquier tipo de catástrofes, desde terremotos, a deslizamientos de tierra o incendios.

El ejemplo más reciente, que dejó de manifiesto la vulnerabilidad de la ciudad a cualquier imprevisto, fue la explosión de un camión cisterna ocurrida la semana pasada, que causó al menos 90 muertos y decenas de heridos.

UN ACCIDENTE DERIVADO DE LA CRISIS
El accidente fue resultado de la desesperación de la población por la crisis de desabastecimiento de combustible que vive el país, circunstancia que llevó a un centenar de ciudadanos a abalanzarse a robar el carburante de la cisterna del camión, después de que hubiera volcado en una curva.

El fuego que causó la catástrofe, aparentemente, se desató cuando el combustible se vertió a una cañada donde había basura ardiendo, según testimonios recogidos por la Red Nacional de Defensa de los Derechos Humanos (RNDDH).

Sin unos servicios de recogida eficientes, la basura es omnipresente en las calles de Cap-Haitien y contamina sus ríos, cañadas y la costa, a pocos kilómetros de unas playas paradisíacas que ahora están huérfanas de turistas.

CUERPOS DE RESCATE SIN RECURSOS
El siniestro también desnudó la precariedad con la que trabajan los organismos de rescate de la ciudad, en especial la cuerpo de bomberos, que solo tiene diez años de existencia y cuenta con un pequeño grupo de trabajadores que, en la práctica son voluntarios, puesto que no perciben el salario que deberían.

“Durante los últimos cinco años hemos estado trabajando sin recibir ningún salario. No tenemos equipo. Sólo tenemos un vehículo que no ha estado de servicio desde más de diez meses. Estamos trabajando con las uñas”, se queja el jefe de operaciones del cuerpo de bomberos de Cap-Haitien, Mackenson Azémar.

A pesar de la falta de recursos, Azémar no se desanima y celebra que cinco bomberos consiguieron apagar el fuego y salvar a varias personas que estaban atrapada en sus casas.

JUGANDO CON FUEGO
Un accidente como el de la semana pasada podría repetirse fácilmente a consecuencia de la crisis de combustible que arrastra el país desde el pasado octubre.

Debido a esta situación, muchas personas están comprando gasolina cuando está disponible para almacenarla en casa, sea debajo de la cama o en la cocina, en cualquier caso, en espacios que están expuestos a un accidente, según alertan especialistas.

Otros riegos para la ciudad se desprenden de la nula planificación urbana con la que se ha desarrollado Cap-Haitien, algo patente en que ninguna autoridad haya impedido la construcción de gasolineras en barrios densamente poblados.

“Los surtidores de gas propano y gasolina están instalados en medio de la población. Si hay una fuga, puede causar daños irreparables. Las gasolineras están muy cerca de la gente”, advierte Céder Simon, especialista en gestión global de riesgos y crisis, en declaraciones a Efe.

UNA CIUDAD PROPENSA A CATÁSTROFES
La falta de planificación urbana lleva aparejados otros muchos riesgos, puesto que los barrios miserables, llamados “geto” en Haití, se desparraman por los escarpados cerros que dibujan la silueta de la ciudad.

Estas zonas montañosas, donde se erigen casas precarias al borde de precipicios llenos de basura, son especialmente vulnerables a los corrimientos de tierras producto de las lluvias torrenciales que se registran todos los años, durante la temporada de huracanes.

En el “geto” también se multiplican los riesgos en el caso de que ocurra un terremoto de gran magnitud, que son posibles ya que la ciudad está situada en la falla Septentrional, que separa la placa del Caribe y la de Norteamérica.

Esta activa falla ocasionó en 1842 un devastador terremoto seguido de un tsunami, que arrasó Cap-Haitien y otras poblaciones del norte de Haití y de la vecina República Dominicana.

“Se dan todas las condiciones para una gran catástrofe si se produce un terremoto, por ejemplo de magnitud 8,2 en la escala de Richter. Es de esperar que haya muchas víctimas en caso de terremoto. (…) Es preocupante”, zanja Simon.

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