Berlín.– El Gobierno alemán ha retirado su petición de renunciar a la celebración de misas presenciales en Semana Santa, una propuesta consensuada entre la canciller Angela Merkel y los poderes regionales, que había topado con críticas de la Iglesia.

Dicha petición ha sido suprimida del conjunto de decisiones adoptadas en su reunión del pasado lunes por la canciller y los líderes de los “Länder”. En la nueva versión de ese texto, enviada este jueves, no se pide ya a las comunidades religiosas celebrar únicamente sus oficios en formato virtual.

Esta corrección sigue a la declaración de ayer de la propia Merkel, en la que revocaba la decisión de paralizar la actividad publica y económica para la Semana Santa, además de incluir como festivos el Jueves Santo y el martes siguiente -jornadas laborales en Alemania-.

Merkel asumió ahí su “error” por esa decisión y pidió perdón a los ciudadanos por el enojo y confusión creados. La decisión se había adoptado en consenso entre el Gobierno central y los líderes de los 16 estados federados, pero la canciller personalizó un error que dijo era “sólo mío”.

La decisión de este “parón” entre el jueves Santo y el martes de Pascua, que prohibía las concentraciones públicas y obligaba a cerrar casi todo el comercio, creaba graves problemas legales y de aplicación, especialmente en el ámbito laboral e industrial.

Al paso atrás de ayer de Merkel siguió esta rectificación de hoy, que la Iglesia Católica ha elogiado, además de comprometerse a que los oficios presenciales se celebrarán bajo estrictas medidas higiénicas. La Conferencia Episcopal ha garantizado, además, una amplia oferta de misas virtuales para todos los fieles.

El propósito de la canciller de reducir al máximo la vida pública en estas festividades responde al aumento continuado de la incidencia de nuevos contagios. En la anterior reunión con los líderes regionales se había consensuado una lenta recuperación de la vida pública, que ahora a la canciller le parece inviable.

La desescalada empezó con la reapertura de peluquerías, tiendas de bricolaje, centros de jardinería y algunos comercios -aunque con previa cita-, así como museos y otras instituciones culturales. Con ello se pretendía relajar el cierre de la vida pública vigente desde noviembre, en que quedaron cerrados la restauración, el ocio y la cultura, a lo que siguió, en diciembre, el de los comercios no esenciales.

Se estableció, sin embargo, un freno de emergencia, de modo que a partir de 100 contagios semanales por 100.000 habitantes se volvería al nivel de restricciones anterior.

La incidencia media está ahora en Alemania por encima de los 100 casos. Este viernes, el Instituto Robert Koch (RKI) notificó 113,3 contagios por 100.000 habitantes en siete días. El pico se registró el 22 de diciembre, con 197,6 contagios.

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