Viena.- La Filarmónica de Viena invitó a un viaje por “anhelados lugares lejanos” en su tradicional concierto de Noche de Verano, en un recital en el que parte del aforo, limitado por la covid-19, se reservó a los profesionales sanitarios y de la educación que han estado en primera línea durante la pandemia.

“En estos momentos de pandemia me gustaría agradecer especialmente a los profesionales médicos y de la educación”, saludó el maestro británico Daniel Harding, viejo conocido de los filarmónicos vieneses pero a los que nunca había dirigido en este tradicional recital, que se celebra desde 2004 en los jardines del Palacio de Schönbrunn de la capital austríaca.



Para esos profesionales estaba reservada parte de las 3.000 localidades disponibles hoy, mientras que el resto fueron ocupadas por colaboradores y patrocinadores que hacen posible el recital.

“Es un poco raro ver a tanta gente junta, pero es genial tener aunque sea un momento de normalidad” reconoció a Efe una joven profesora antes de iniciar el recital en los jardines de la antigua residencia de verano de los Habsburgo, bellamente iluminados y decorados para el recital.

Como bienvenida, los filarmónicos abrieron la velada y ese viaje por esos “lugares anhelados”, que el concierto ha tenido como lema, con la obertura de “Las vísperas sicilianas” de Verdi.

El pianista Igor Levit, ganador del galardón a “Artista del año 2020” de los premios Gramophone de música clásica, y solista protagonista hoy, interpretó a continuación “Rapsodia sobre un tema de Paganini”, de Rachmaninov.

El programa, y el viaje, continuó por Nueva York con cuatro danzas sinfónicas compuestas por Leonard Bernstein para West Side Story; luego vino la declaración de amor que es “Salut d’Amour,” del británico Edward Elgar;

El compositor finlandés Jean Sibelius y su “Suit Karelia”, el de “Preludio a la siesta de un fauno” de Debussy; y la pieza Jupiter, símbolo de la alegría en la suite “Los planetas”, de Holst, fueron otras de las paradas de este viaje musical, durante el que también sonó el “Para Elisa” de Beethoven.

A pesar de límite de aforo para el evento, que solía reunir a cerca de 100.000 aficionados a la música, la energía de la Filarmónica llegó a más de ochenta países a través de Internet, la radio y la televisión.

Los afortunados que disfrutaron del recital en directo tuvieron que presentar en la entrada un test negativo de covid, una prueba de vacunación o de que habían superado la enfermedad.

Pese a las limitaciones, la orquesta pudo gozar de un clima más “normal” que el del año pasado, ya que en esa ocasión tuvo que retrasar el concierto a septiembre y solo se permitió la entrada a 1.250 personas.

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