Madrid.- El final de la amistad, vivido con la intensidad de una ruptura sentimental, sirve a James Blake para facturar su disco más accesible en su combinación de soul y electrónica y, para gran parte de la crítica, otro gran trabajo con la firma reconocible del ganador en 2016 del Mercury Prize.

La claridad lírica y musical con la que el compositor, productor e intérprete británico ha dibujado el quinto álbum de estudio de su carrera se hace patente desde el título mismo, “Friends That Break Your Heart” (en español, “amigos que te rompen el corazón”).

Toma el relevo a “Assume Form” (2019) y, aunque entre sus 13 cortes no aparecen temas con la fuerza emocional de éxitos previos como “Limit To Your Love”, “Retrograde” o “Barefoot In The Park” junto a Rosalía, el conjunto se muestra sólido y coherente.

Una década ha transcurrido ya desde que James Blake Litherland (Enfield, 1988) lanzara su debut homónimo y saltara a la arena pública como uno de los más notorios ejemplos de lo que un joven inquieto y talentoso podía crear en el siglo XXI con un ordenador en su cuarto.

Así se convirtió en uno de los referentes del “post-dubstep”, en el que piezas lentas acogían arreglos electrónicos y sonidos graves (generalmente una línea de bajo) con un efecto disruptivo que daba más brillo por contraste a las partes más melódicas y altas.

Ese recurso a la creación de terrenos áridos donde germinaba con más lustre su talento para el r&b ha ido perdiendo presencia y en su nuevo álbum, recién publicado, la escucha se vuelve más sencilla, placentera e instantánea desde el primer corte, “Famous Last Words”.

Desde ese momento y a través de sucesivas canciones, como “Life Is Not The Same”, se hace evidente que James Blake aun sabe cómo estremecer con sencillas melodías casi minimalistas que tiran de los arreglos justos para enfatizar su potencial dramático, su desasosiego o su sensualidad inherente.

Con la electrónica como acompañante más que como elemento de contraste, su música permanece entre el soul, el canto espiritual, la elegía (“Funeral”) o el hip hop, con la colaboración en este caso de JID, SwaVay y slowthai, además de las voces de SZA en el tema “Coming Back” y Monica Martin en “Show Me”.

Sobre una base más ligera y estructuras más convencionales que dejan de retorcerse en su recorrido, en estas treces baladas prima la belleza, a ratos apuntando al lamento, aunque su efecto último es el de cierta sensación de abrigo y solaz.

Otra de las razones de que este sea su trabajo más accesible para el público mayoritario es que es el más depurado de toda su carrera en cuanto a las letras, más directas, desnudas y honestas.

“Y al final, fueron los amigos, los amigos, los que me rompieron el corazón”, canta en el corte titular de este álbum que no abunda tanto en el amor romántico como en la pérdida de aquellas amistades que uno habría pensado que durarían para siempre.

De entre sus nuevas canciones, probablemente la más arrebatadora llega cuando el disco ya vislumbra su último tramo, “Say What You Will”, probablemente también el relato autobiográfico más franco sobre su paso de la juventud a una madurez en la que, a pesar del desencanto, ha abrazado sus circunstancias personales, la fugacidad de lo existente y los inconvenientes de la fama.

Y así, justo antes de un largo y estremecedor agudo sostenido que es también marca de la casa, Blake recuerda: “He sido popular entre todos los chicos populares / (…) Me dieron señales de advertencia / Me veo bien en la hora mágica / Con la luz adecuada con la cantidad adecuada de energía / Y estoy bien con la vida del girasol / Y estoy bien con la vida de una lluvia de meteoritos”.

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