Riga.- El encarecimiento de la electricidad que ha repercutido en la inflación, el fraude fiscal y los planes de la UE pos covid han marcado la actualidad económica en los países bálticos durante 2021.

PRECIOS HISTÓRICOS PARA LA ELECTRICIDAD
Con la llegada del frío se dispararon los precios de la electricidad en los países bálticos, lo que a su vez alimentó la inflación: en Letonia, los pronósticos tuvieron que ser revisados y de subidas del 2,8 y del 4 % previstas para 2021 y 2022 respectivamente, se pasó al 3,2 y al 6,1 %.

El precio de la electricidad en el mercado mayorista Nord Pool alcanzó a principios de diciembre su máximo histórico de la última década en las tres repúblicas bálticas, debido a la fuerte demanda y a los problemas de generación eléctrica. En el tramo horario con precios más altos, la electricidad se disparó hasta los 1.000,07 euros por megawatio hora (MWh). El Gobierno letón respondió proponiendo una rebaja del 50 % de la tarifa de conexión a la red eléctrica para disminuir el impacto de la subida para hogares y consumidores comerciales.

SERVICIOS DE FRAUDE FISCAL A MEDIDA
La policía letona consiguió desarticular en junio una banda de siete personas, presuntos criminales “de cuello blanco” que defraudaban y blanqueaban dinero a escala europea para diversos “clientes”, a los que ofrecían servicios a medida. El grupo, cuyos integrantes eran todos de nacionalidad letona y muy versados en el ámbito de la contabilidad y el derecho fiscal, era dirigido por una mujer nacida en 1974.

La banda operaba 15 sociedades “offshore” y un buen número de cuentas bancarias y había blanqueado por lo menos 5 millones de euros, aunque los investigadores parten de que el monto total es en realidad varias veces mayor.

LUZ VERDE PARA EL PLAN POS COVID DE LETONIA
La Comisión Europea (CE) anunció en verano la aprobación del plan de recuperación pos covid de Letonia, lo que permitirá al país báltico recibir hasta 1.800 millones de euros en préstamos procedentes del Mecanismo de Recuperación y Resiliencia. El primer ministro letón, Krisjanis Karins, describió el plan remitido por su país como dirigido a lograr la “reindustrialización inteligente”. En septiembre, la más central de las repúblicas bálticas fue uno de los primeros países europeos en recibir la ayuda, obteniendo un primer adelanto por valor de 237 millones de euros.

El plan de Vilna, que pasa por desarrollar innovaciones digitales en el ámbito educativo e instalar baterías para el almacenamiento de energía, entre otras medidas, que costarán un total de 2.250 millones de euros, también recibió en verano el visto bueno de la Comisión, que algo más tarde, en octubre, dio también luz verde a los planes estonios para obtener créditos por valor de 969,3 millones de euros.

CRISIS DE GOBIERNO Y REMODELACIONES
Lituania evitó por los pelos una crisis de gobierno en los últimos meses del año, después de que trascendiese que la compañía estatal de ferrocarriles había aceptado pagos por adelantado de Belaruskali, fabricante bielorruso de fertilizantes a base de potasas. Con ello, Ferrocarriles Lituanos se había comprometido a transportar varios cargamentos hasta el puerto de Klaipeda, contraviniendo las sanciones estadounidenses contra Bielorrusia. Los ministros lituanos de Transporte y de Exteriores ofrecieron de inmediato su dimisión, pero la primera ministra, Ingrida Simonyte, la rechazó.

Estonia sí que vio caer a su gobierno, a principios de año, cuando el primer ministro Juri Ratas, del socioliberal Partido del Centro, dimitiera después de que varios miembros de su partido se vieran acusados de corrupción. Le dio el relevo Kaja Kallas, del centroderechista Partido Reformista. Letonia, por su parte, fue testigo del remodelado del Ejecutivo del premier Krisjanis Karins en primavera, tras la expulsión de un partido populista de la coalición de gobierno de cinco partidos.

SISTEMAS SANITARIOS SATURADOS POR LA PANDEMIA
En el segundo año de la pandemia, el número de ingresos hospitalarios por covid se disparó en los países báliticos, causando miles de muertes y llevando a sus sistemas sanitarios al límite de su capacidad. Igual que en el resto de Europa, los gobiernos trataron de frenar los contagios recurriendo a medias como la limitación del número de asistentes a eventos públicos y el cierre temporal de las aulas. El turismo y la gastronomía se resintieron en toda la región, aunque las ayudas gubernamentales aliviaron parcialmente el golpe.

Conforme avanzó el año, y a pesar de las crecientes tasas de vacunación, la pandemia ahondó en la división social y las posturas de los antivacunas se radicalizaron. En diciembre, en la capital lituana de Vilna, varios miles de personas protestaron contra la presión para vacunarse por parte del Gobierno y acabaron enfrentándose a la policía. En Letonia, políticos populistas capitalizaron el descontento y buscaron instrumentalizar el movimiento antivacunas.

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