Londres.- El primer ministro británico, Boris Johnson, reanudó su proyecto político tras “la pesadilla” de la pandemia al revelar un plan de grandes inversiones con el que quiere cimentar la recuperación económica del Reino Unido en la era posBrexit.

En declaraciones a la nueva “Times Radio” del periódico “The Times”, que debutó hoy como rival comercial de Radio 4, la emisora insignia de la BBC, Johnson prometió “un enorme esfuerzo” inversor en infraestructuras, como colegios, vivienda o transporte, para “reconstruir” el país ante la recesión que se avecina.

Reconoció que la COVID-19, que él mismo padeció el pasado abril, ha sido “un desastre” para el Reino Unido, pero confió en que la nación se recuperará “muy, muy bien” pese a los “baches” en el camino.

“Ahora es el momento de tomar decisiones a largo plazo por el bien del país”, manifestó el líder conservador, que aseguró que “no habrá un retorno” a las medidas de austeridad aplicadas por previos Gobiernos “tories” después de la crisis crediticia de 2008.

Tras indicar que no prevé por ahora subir los impuestos, Johnson dijo que promoverá “un enfoque rooseveltiano” de estímulo económico, en alusión al Nuevo Trato que propició el presidente estadounidense Franklin D. Roosevelt para sacar a Estados Unidos de la Gran Depresión en la década de 1930.

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Así, el primer ministro anunció hoy que destinará 1.000 millones de libras (unos 1.094 millones de euros) a la construcción de nuevas escuelas en un plazo de diez años, mientras que mañana prevé dar más detalles de su estrategia de reconstrucción en un “importante discurso” en el centro de Inglaterra.

El líder del Partido Laborista, Keir Starmer, pidió al Gobierno que, “ante la crisis que se nos echa encima”, presente en julio “con urgencia” un presupuesto centrado en “crear empleo”, pero Johnson ya ha indicado que no habrá cuentas estatales hasta después del verano.

Tras meses absorbido por la gestión de la pandemia, el primer ministro desea retomar cuanto antes su proyecto de transformación del país, después de ganar por mayoría absoluta las elecciones del pasado 12 de diciembre con la promesa de materializar el Brexit, ejecutado formalmente el 31 de enero.

El crédito político de Johnson depende de regenerar las áreas más deprimidas del centro y norte de Inglaterra, tradicionales bastiones laboristas que le prestaron su apoyo en las urnas por su promesa de romper con la Unión Europa (UE).

Pero, pese al interés del Gobierno en acelerar la desescalada, el Reino Unido se mantiene como el Estado más castigado de Europa y tercero del mundo por la COVID-19, con más de 43.500 muertes confirmadas por test y al menos 54.000 atribuibles al virus.

El Gobierno conservador confía en poder manejar a partir de ahora de manera localizada los posibles rebrotes del coronavirus, y hoy se informó de que la ciudad norteña de Leeds, donde han repuntado los contagios, afronta una prórroga del confinamiento.

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El otro gran reto para Johnson es obtener resultados en la negociación con la UE, reanudada hoy en Bruselas, para conseguir un acuerdo comercial bilateral, que se aplicaría al fin del periodo de transición, que acaba el 31 de diciembre.

Se trata del último impulso tras cuatro meses de negociaciones técnicas infructuosas y con un calendario ajustado ante la negativa de Londres a extender el periodo de transición -aunque ello suponga separarse del bloque sin pacto al amparo de las normas genéricas de la Organización Mundial del Comercio (OMC)-.

Además de la gestión de la pandemia, la reactivación económica y el Brexit, Johnson debe hacer frente además a los periódicos dramas dentro de su Gobierno, donde parece que cobra aún más fuerza su principal asesor, Dominic Cummings.

El primer ministro defendió hoy su decisión de cesar al veterano secretario del Gabinete Mark Sedwill, responsable del funcionariado, que será sustituido en ese puesto por Simon Case y por el negociador del Brexit David Frost como asesor de seguridad nacional, lo que la oposición considera una “maniobra política en tiempos de crisis”.

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