Madrid.- Los expertos prevén que la situación del gigante inmobiliario chino Evergrande seguirá generando volatilidad en el mercado a corto plazo, pero descartan que su posible quiebra suponga un riesgo financiero sistémico.

La crisis de Evergrande ha marcado esta semana la evolución de las bolsas mundiales, generando entre los inversores muchas dudas sobre si la compañía podrá hacer frente al pago de millones de euros en intereses de su deuda.

Evergrande ha sido fuertemente penalizada en el mercado -sólo el pasado viernes se desplomó un 11,6 % en la Bolsa de Hong Kong- y según los analistas, sus acciones cotizan como si ya estuviera en “default” o situación de impago.

No obstante, las principales bolsas lograron terminar la semana en positivo, ya que aunque en un primer momento el miedo se extendió por el mercado y las ventas se impusieron, la opinión de algunos analistas que compararon la situación del grupo inmobiliario con la caída del banco de inversión estadounidense Lehman Brothers fueron perdiendo fuerza.

Desde Natixis, sus analistas aseguran que Evergrande “no es Lehman” y creen que aunque “ha hecho tambalear” los mercados financieros, “no es el fin del mundo y no es algo por lo que hay que ponerse a cubierto”, ya que en su opinión, los “vínculos del sector inmobiliario con el sistema financiero no son de la misma escala que un gran banco de inversión”.

Tal y como aseguran, “no existe un riesgo financiero sistémico”, ya que “los pasivos financieros afectados son demasiado pequeños y están demasiado repartidos para suponer una amenaza a escala mundial”. “No se dan las condiciones para un evento de contagio de gran alcance”, aclaran.

Para estos analistas, el mercado ha tenido “una reacción exagerada y tardía” ya que, por un lado, se conocían los problemas de Evergrande desde hace meses” y, por otro, “China es, en gran medida, una economía de mando y control e, incluso, en un escenario extremo en el que los mercados de capitales se cerrasen a todas las empresas inmobiliarias chinas, los reguladores podrían ordenar a los bancos que prestasen a dichas compañías para mantenerlas a flote y darles tiempo para una salida prolongada”.

Sin embargo, advierten: “una quiebra total de Evergrande provocaría un malestar social generalizado. Aquí es donde radica el contagio. No en el sistema financiero, sino en el canal del tejido social. Aquí es donde las fichas de dominó podrían empezar a caer si China deja que esto se deshaga”.

El responsable de calificaciones de instituciones financieras de Scope Ratings, Dierk Brandenburg, si cree que la crisis de Evergrande tendrá inevitables consecuencias, ya que China representa una gran parte del crecimiento mundial, pero considera que el compromiso de Pekín de reducir el elevado apalancamiento del sector empresarial chino no debería desencadenar una mayor inestabilidad financiera.

“Consideramos que el impacto en los bancos europeos debería ser limitado”. “Aunque no se puede excluir la posibilidad de una escalada en una crisis crediticia generalizada, consideramos que una forma de contagio tan grave es poco probable en este momento”, dice el experto, que asegura que por lo tanto, las repercusiones internacionales deberían contenerse más allá del impacto de un crecimiento chino menos fuerte a nivel mundial.

Respecto a los mercados, advierte de que el crecimiento de China representará casi un tercio del crecimiento mundial este año, y que el impacto de Evergrande repercutirá en la actividad en Europa y EE.UU., donde los vínculos comerciales son más sólidos, además de lastrar el sentimiento de los inversores mundiales y aumentar la volatilidad.

Por su parte, desde Julius Baer, los expertos también creen que a corto plazo, las noticias de Evergrande mantendrán la volatilidad en el mercado, pero aseguran que “el mercado inmobiliario asiático es demasiado atractivo para ser ignorado a largo plazo.”

También descartan un riesgo sistémico, y esperan que no sea el desencadenante de una crisis mundial.

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