Shanghái (China).- Pese a que las autoridades chinas “siempre hablan de apertura”, la sensación entre las empresas europeas que operan en el país asiático es que “se está cerrando cada vez más”, según Bettina Schön-Behanzin, vicepresidenta de la Cámara de Comercio de la Unión Europea (UE) en China.

En una entrevista con Efe, la jefa de la sección de la Cámara en Shanghái (este) apunta que el país parece estar “centrándose más en sí mismo”, en sus empresas locales: “China siempre habla de apertura al exterior, pero lo que vemos es, en realidad, lo contrario”.

Si bien las autoridades del país han prometido en numerosas ocasiones mejores condiciones para las firmas extranjeras, Schön-Behanzin cree que la situación “ha empeorado mucho”.

Por ejemplo, “hace diez años, si eras una empresa extranjera, te ponían la alfombra roja. Ahora, si no estás en un sector que figure en su lista de prioridades, en el que les puedas dar alguna ventaja en materia de tecnología o conocimientos, se está poniendo difícil”.

Los planes de autosuficiencia tecnológica impulsados por Pekín, unido a la perspectiva de que el Gobierno chino “priorizará a las empresas locales porque quieren que sean los líderes” en sus respectivos sectores, hará que la situación se torne “verdaderamente dura” para las empresas, especialmente las pymes, que “no tengan ningún tipo de tecnología especial que ofrecer”.

La representante de las firmas europeas cita específicamente sectores como la infraestructura informática, las finanzas o los seguros.

Por otra parte, las empresas dedicadas a los semiconductores -por el momento, China sigue por detrás en esta tecnología, que quiere impulsar a nivel nacional- o las que ofrezcan soluciones de sostenibilidad sí que seguirán gozando del favor de las autoridades locales, pronostica.

“CHINA NOS NECESITA Y NOSOTROS NECESITAMOS A CHINA”
“China no puede cumplir con los objetivos que se ha marcado (por ejemplo, en materia de descarbonización) si se aísla del resto del mundo (…). No sé si China podría vivir sin el resto del mundo”, opina Schön-Behanzin, que incide en que el país asiático todavía necesita tecnología e inversión procedentes del exterior.

Esa dependencia también se da en la otra cara de la moneda: “Es un mercado enorme y muy importante para todos nosotros. Por supuesto, queremos quedarnos aquí y aprovechar las oportunidades. Y creo que nos necesitamos mutuamente: China nos necesita y nosotros necesitamos a China”.

De hecho, a pesar de las crecientes “tensiones políticas” entre Pekín y los países occidentales, “por ahora no hay un impacto directo” sobre las operaciones en China de las empresas europeas: “En general, el negocio está yendo muy bien. China se recuperó muy rápido tras el primer brote de la covid (…), 2020 fue un año inesperadamente bueno, y 2021 igual”.

Sin embargo, existen algunos factores de “incertidumbre” como la reciente escasez de energía -que está teniendo un “gran impacto” en las operaciones de las plantas de producción en algunas regiones-, las restricciones a la entrada de personas desde el extranjero en el marco de las medidas anti-covid o la citada sensación de que China se está cerrando.

A las tradicionales quejas de las firmas extranjeras sobre la falta de transparencia en licitaciones públicas o las denuncias de que juegan en desventaja con respecto a sus competidores chinos se suman ahora otras cuestiones como la campaña reguladora de Pekín en sectores como el tecnológico en nombre de la seguridad nacional: “En muchos casos, eso no aplica. No tiene nada que ver con la seguridad nacional, solo quieren controlarlo todo”.

También preocupa que la nueva ley de protección de datos, la cual entrará en vigor el 1 de noviembre, obligue a las firmas extranjeras -que ya temen que se violen sus derechos de propiedad intelectual- a “abrir sus libros” a las autoridades chinas para poder llevar a cabo actividades de investigación y desarrollo (I+D) en el país.

“TENEMOS QUE DECIRLE A CHINA QUÉ ES ACEPTABLE Y QUÉ NO”
“Muchas compañías se están preguntando: ¿Cuál es nuestra posición para con China de cara al futuro? ¿Invertimos más en China o mejor nos vamos a otro lado? Se habla mucho de esto pero, la verdad, no estamos viéndolo”, explica Schön-Behanzin.

Por el momento, la mayoría de empresas que participan en las encuestas de la Cámara dicen querer quedarse en el país y descartan desviar sus inversiones a otros lugares.

A este respecto, la empresaria alemana recomienda a las compañías extranjeras que se pregunten si el mercado chino seguirá siéndoles “relevante” dentro de cinco o diez años, y también si ellas mismas “todavía son interesantes para China”.

Schön-Behanzin también habló del Acuerdo Integral de Inversiones (CAI) entre la UE y China, cerrado a finales de 2020 tras siete años de negociaciones pero cuyo proceso de ratificación quedó congelado en mayo, cuando el Parlamento Europeo rechazó avanzar en su aprobación mientras Pekín mantenga sus sanciones a personas y entidades europeas, entre ellos eurodiputados críticos con China.

“El acuerdo era muy importante para las empresas europeas en China, porque abordaba los problemas a los que nos enfrentamos: acceso equitativo al mercado e igualdad de condiciones”, asevera la vicepresidenta de la Cámara.

“Llevó siete años prepararlo, y ahora igual lleva otros siete años ratificarlo. Con las sanciones, está claramente en el congelador. Es muy fácil imponerlas, pero retirarlas es muy, muy difícil”, lamentó.

Al respecto de las futuras negociaciones con las autoridades chinas, la representante de las compañías europeas no tiene dudas: “China es un socio importante, pero nosotros tenemos que tener más confianza en nosotros mismos y decirles claramente qué es aceptable, qué va en la buena dirección y qué no podemos aceptar”.

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