San Francisco.- Desafiar siglos de historia del arte, blanca y masculina, es lo que propone la artista africana Wangechi Mutu con sus esculturas provocativas de mujeres negras, instaladas junto a piezas clásicas de artistas como Rodin en un museo de arte tradicional, el de la Legión de Honor de San Francisco, en Estados Unidos.

Nada más entrar, dos negras yacen muertas al pie del pensador de Rodin. En el interior, otra mujer con la piel llena de protuberancias posa reclinada frente a una blanquísima Venus desnuda. En la sala contigua, dos bustos de africanas ataviadas con una mandíbula de animal y una concha conversan ante un cuadro de Rubens.

El impacto sobre el visitante, poco acostumbrado a este tipo de “agresiones” en un museo de arte europeo tradicional, es mayúsculo, y propicia justo el tipo de reflexión que con estas yuxtaposiciones busca la artista keniata residente en Nueva York.

“Desde el principio, la idea fue integrar la obra de Mutu en la colección de arte europeo del museo”, cuenta la curadora de la exposición, Claudia Schmuckli, quien atiende a Efe a las puertas del impresionante edificio de estilo neoclásico, frente al triángulo que ahora forman el Pensador y las dos figuras muertas.

UNA HISTORIA DEL ARTE EXCLUSIVA
“Es un recordatorio de que este museo ofrece una versión de la historia del arte muy específica, una que durante mucho tiempo fue exclusiva y la única que fue propagada en Occidente. Pero tenemos que ser siempre conscientes de que hay muchas historias del arte y todas ellas deben ser consideradas por igual”, apunta.

Las dos figuras de bronce al pie del Pensador, con zapatos de tacón, las uñas pintadas y cubiertas por sendas esteras de hojas de palma, no son figuras anónimas, sino que representan a Nia Wilson, una afroamericana de 18 años que fue brutalmente asesinada sin motivo aparente por un hombre blanco en el metro de Oakland (California, EE.UU.) en 2018.

La presencia de los cuerpos sin vida, colocados justo bajo la atenta mirada de la escultura más icónica de Rodin, crea un intenso diálogo entre las tres piezas y dota de un nuevo significado a la obra del maestro francés, que en los pasados cien años ha sido usada en innumerables ocasiones para representar la filosofía y el pensamiento contemplativo.

A esta triada escultural la flanquean otras dos mujeres de Mutu: las diosas híbridas Mama Ray y Crocodylus, que son mitad mujer y mitad animal (una raya en el primer caso y un cocodrilo en el segundo), ambas guerreras, en posición de ataque y que protegen la entrada al museo.

MUTU PULVERIZA ESTEREOTIPOS
“Wangechi Mutu pulveriza estereotipos. En su obra, las mujeres, la naturaleza, las máquinas, los animales y la propia Tierra se amalgaman en una visión del mundo simbiótica, feminista y post-humanista”, explica Schmuckli.

Otro de los contrastes más fuertes se da en la parte del museo dedicada al arte medieval europeo, con gran presencia de retablos españoles: en esta sala cargada de iconografía cristiana, con representaciones de poderosos obispos, de la Virgen y de Cristo, Mutu coloca a una diosa amorfa, a medio camino entre una mujer y la naturaleza salvaje.

De aspecto aterrador e imponente a la vez, la diosa de Mutu es en sí misma una amalgama de pulpa de papel, cola blanca, pintura de emulsión, carbón vegetal, tinta, madera y conchas marinas, un retorno a la naturaleza terrenal frente a la divinidad celeste de la teología cristiana.

“Wangechi Mutu: Estoy hablando, ¿me estás escuchando?” podrá visitarse hasta el 7 de noviembre en la Legión de Honor de San Francisco y el precio de la entrada general (que incluye la exposición) es de 15 dólares (12 para mayores de 65 años y 6 para estudiantes).

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