Fráncfort (Alemania).- La Feria del Libro de Fráncfort, la mayor del mundo, abrió sus puertas al público en una edición todavía marcada por la pandemia después de que el año anterior el coronavirus obligara a que la muestra solo pudiera realizarse en formato digital.

El evento fue formalmente inaugurado este martes, dominado por el debate sobre la presencia de editoriales de ultraderecha, que hoy continuó: varios autores han cancelado su presencia, en solidaridad con la novelista Jasmina Kuhnke, aunque no hay ningún gran nombre entre ellos.

La dirección de la Feria reaccionó además el día de la apertura al público apelando a la libertad de expresión, que, según explicó, implica aceptar todo aquello que judicialmente no esté prohibido.

El caso más destacado de editoriales afines a la ultraderecha es “Antaios”, propiedad de Götz Kubischeck, fundador del llamado Movimiento Identitario, considerado contrario a la Constitución alemana.

Este año la Feria se encuentra con limitaciones impuestas por medidas preventivas. Solo podrá ser visitada por 25.000 personas al día. El número de expositores, unos 8.000, es cerca de la cuarta parte de los habituales.

En los pabellones, los pasillos son más amplios que de costumbre para evitar aglomeraciones y entrar y salir del centro de exposiciones este año implica pasar por una serie de protocolos marcados por las normas de seguridad sanitaria.

Todo visitante debe tener una entrada adquirida con antelación y en formato digital. No hay, tampoco para periodistas y expositores, un pase para todos los días de la feria sino se requiere un pase diario, además de demostrar en la entrada estar vacunado, tener un test negativo reciente o haber superado una infección de coronavirus.

En los pabellones parece haber menos vida que en otros años. Buena parte de los actos exigen un pase adicional, para controlar el aforo, y no existen, como en otras ocasiones, esas aglomeraciones súbitas en una u otra esquina de la Feria.

“El regreso a los negocios no es todavía el regreso a la normalidad”, había dicho el director de la Feria, Jürgen Boos, previendo la forma en la que iba a desarrollarse.

Sin embargo, pese a todas las limitaciones, la feria quiere dar el mensaje de que se trata de volver a empezar. Abundan los afiches con diversas palabras que empiezan por el prefijo “re”: recomenzar, reconectar, revivir, reabrir.

En el centro de agentes literarios, que es más o menos el corazón oculto de la feria -allí no tiene acceso el público general- se notaba ya está mañana cierto grado de actividad.

Fráncfort ha sido tradicionalmente el lugar donde se negocian buena parte de los derechos de traducciones o donde, al menos, se hacen contactos entre editores y agentes que llevan luego a una relación de negocios posterior.

Durante años se dio la discusión de si, con la digitalización y la facilidad de las comunicaciones, la feria era realmente necesaria o si no era más fácil, y más barato, cualquier acuerdo a distancia.

La respuesta habitual de los editores era que el contacto personal es siempre necesario en el mundo del libro. Y esta vez, tras un año de pausa, han vuelto -aunque en menor número- como si quisieran demostrarlo.

Es difícil decir en qué medida se moverán los negocios en esta primera edición postpandemia. En todo caso, las cifras globales nunca se conocen.

La otra cara de la feria como fiesta para los lectores esta vez está un poco reducida, pese a que hay también actos en otros lugares de Fráncfort.

El hecho de que Canadá, como invitado de honor haya venido con solo ocho escritores -otros 40 participan en programas digitales- muestra que todavía no se ha terminado de volver a la normalidad.

Finalmente están los debates que salen siempre de la feria. Este año ha vuelto la polémica recurrente sobre las editoriales de ultraderecha y lo que se debe hacer con ellas.

Pero también hay otros debates, relacionados con intereses del sector editorial, entre los que este año se destaca el relacionado con los préstamos de libros electrónicos por parte de bibliotecas públicas y la forma como estas afectan a autores y editoriales.

Mañana será el día de España, cuando se hará una presentación del programa como invitado de honor para 2022.

El ministro español de Cultura, Miquel Iceta, presente en la ciudad alemana para ese acto, adelantó a Efe que la feria “es también una oportunidad para dar a conocer las lenguas y la cultura española en Alemania y en otros lugares del mundo, aquí hay una gran conexión internacional”.

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