Roma.- La sede de la Embajada italiana ante la Santa Sede, el palacio Borromeo, icónico edificio renacentista en la capital italiana que mandó construir el papa Pio IV, se ha enriquecido con una importante colección de arte contemporáneo y del diseño italiano de los últimos 70 años, que conviven con su claustro, sus jardines y sus ricas salas interiores, creando un interesante contraste que puede ser visitado hasta junio de 2022.

“Contemporáneos en el Palacio Borromeo” es una iniciativa impulsada por el embajador ante la Santa Sede, Pietro Sebastiani, que ha trabajado para que uno de los pocos edificios renacentistas de Roma, sede de la Embajada ante el Vaticano desde 1929, se complemente con otras expresiones culturales del país.

“La iniciativa tiene como objetivo combinar dos dimensiones de la promoción de nuestro país: la cultural” resaltando “la fuerte continuidad y primacía de la tradición artística italiana con las expresiones culturales contemporáneas” y la económica, dando mayor visibilidad a artistas, diseñadores, empresas y artesanos para “ayudar a aumentar su presencia en los mercados extranjeros y representar lo mejor del arte italiano”, explica Sebastiani.

Se trata de obras de diez artistas contemporáneos y otros diez objetos de creadores de fama internacional, donadas a la Embajada, cuya instalación -en la que ha colaborado la comisaria Cristina Mazzantini- “ha sido un trabajo muy largo e intenso, de dos años, para reconocer cuál era el lugar ideal de estas obras y que se acoplasen perfectamente en el contexto artístico de este palacio”, agrega.

El embajador recibe a Efe a la entrada del jardín de este edificio que el papa Pio IV de Medici mandó construir para sus sobrinos Federico y San Carlos Borromeo y donde ahora destaca el enorme “Rinoceronte” (2018) en aluminio de Davide Rivalta, conocido por sus esculturas monumentales, sobre todo de animales salvajes que rompen el paisaje urbano.

Presidiendo la entrada al claustro renacentista, se encuentra ahora la “Columna del Viajero” (1965-1966) de Arnaldo Pomodoro, uno de los creadores italianos contemporáneos más importantes y que al igual que el resto de artistas ha cedido sus obras durante dos años.

Junto algunos restos de las decoraciones que enriquecieron el claustro se encuentra un enorme cubo de tapones de plástico, uno de los módulos de la instalación “HELP The Ocean” que la artista Maria Cristina Finucci colocó en 2018 en el Foro Romano para concienciar con el arte de la contaminación de los océanos.

Uno de estos módulos se encuentra ahora entre los restos recuperados y expuestos en el palacio como un “llamamiento para alertar de que, dentro de 2.000 años, un arqueólogo no encontrará los tesoros que hallamos nosotros, sino sólo plástico”, explica Finucci a Efe.

En los salones, donde cada año se celebra el aniversario de los Pactos Lateranenses entre el Vaticano e Italia, destaca ahora el busto de San Carlos Borromeo de Giuseppe Ducrot, que inspirándose en los bustos a los cardenales realizados a lo largo del tiempo, ha creado su escultura del santo con terracota vetrificada en un intenso rojo.

En la escalera monumental de acceso, reina el arte pobre de Mario Ceroli con sus enormes “Caballos” de madera y el “Hombre con dodecaedro”, mientras que en el gran salón de la chimenea se abre sobre una mesa el “Falcon Eye” de Emilio Isgró, que parece un volumen de la Divina Comedia completamente tachado salvo algunas palabras.

Las salas donde destacan los enormes tapices del siglo XVI se han enriquecido con objetos emblemáticos del diseño italiano, como el sillón Magister de Antonio Citterio, las mesitas Bongo de Andrea Parisio o la lámpara de FontanaArte de Ettore Sottsass.

La exposición se puede visitar con reserva en pequeños grupos también a través de reservas en el Touring Club italiano para comprobar, añade Sebastiani, que el arte de diferentes tiempos “no solo puede convivir sino que también puede exaltar el uno al otro”.

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